domingo, 1 de abril de 2012

LAGUNA DE VILLADANGOS


Panorámica Laguna de Villadangos

Este año celebro  el “día de los Humedales” fuera de nuestra comarca. Tal vez este sea el invierno mas seco que yo recuerde, desde que tomo mis notas en un cuaderno de campo, y de ello ya pasa bien de  las tres décadas. Esta es la estación del año en que es posible  observar a ciertas aves migratorias, principalmente acuáticas, que nos hacen olvidar la escasez ornitológica de otras estaciones. Me refiero desde luego a grandes cantidades de   pájaros que no son los habituales en El Bierzo. Puede que en épocas de paso migratorio, o bien durante la nidificación se observen  muchas especies distintas, pero no en grandes concentraciones. Es  ahora durante la invernada cuando se suelen dar fabulosas agrupaciones de aves. A veces las encontramos de palomas torcaces, avefrías, zorzales, fringílidos o bien el gran bando que todas las tardes se acerca hacia los parques de Ponferrada, que puede que sean mas de 5000 estorninos pintos, en sus fascinantes vuelos de aproximación a la gran urbe.
Así pues, los aficionados estamos esperando esta época para ver esa masa ingente de aves migrantes que pueden recalar en la comarca, y al parecer por unas u otras causas últimamente no llegan.
Ya he mencionado en pasados artículos las cifras de acuáticas que solían invernar en el Lago de Carucedo, y lo que cada año va ocurriendo. Bandos de 300 porrones, 500 fochas, docenas de somormujos y numerosos patos de distintas especies eran frecuentes. Pero es que en este invierno, ni siquiera los más de cien cormoranes grandes que en el pasado año estaban en el lago, lo han visitado.  Parece que se sienten mas protegidos en los cercanos embalses del río Sil. Ni las más de 15 garzas reales, o incluso los zampullines cuellinegros que hacían de este lago un humedal peculiar. Este invierno no hubo ni somormujos lavancos, salvo tres parejas que llegaron a finales  de este mes de febrero. Si se pudo ver alguna pareja en los pantanos aledaños,  una decena en el Embalse de Campañana, donde además suelen sestear dos centenares de ánades reales a diario. Si han estado por el pantano de Barcena, donde se han visto hasta una veintena de ellos por  las aguas profundas. A su alrededor merodeaban  un pequeño grupo de gaviotas reidoras, ánades reales y algún cormorán.
De todos modos, a veces te sorprende alguna rareza por el lago, como  agachadizas comunes por las secas orillas del Poulo, algún andarríos chico; cuatro porrones moñudos  y dos porrones comunes a principios de enero, alguna pareja de patos cuchara durante toda la invernía que llegaron a tres parejas a mediados  de febrero.  Es de destacar la espátula que fotografío José  Manuel  de Arriba  este año en este  lago (ver en Fotonatura.org), o  incluso un águila pescadora  que vi sobrevolando el río Sil en Villalibre  de la Jurisdicción, a mediados del pasado diciembre.
Suelo pararme en la laguna de Villadangos con frecuencia, cuando por motivos de trabajo tengo que viajar a León. Además, con la construcción del observatorio de aves que han dispuesto en su orilla, en poco tiempo, y sin “ensuciarte” entre los cañaverales como antaño,  te llenas de aves y reconfortas tu espíritu antes de sumergirte entre las fauces de nuestra capital de provincia.




No esperaba ver por estas fechas ocupada la colonia de garcillas bueyeras y martinetes, que hace tan representativa este aguazal. Ni que cruzase delante de mí  una garza imperial, o ver el continuo y acrobático vuelo de fumarel común sobre la lámina de agua,  oír el suave canto de carricero común en los cercanos alisos, ni  el nido de zampullín común con dos crías delante del “hide”. O bien a dos garcetas comunes acosando a un aguilucho lagunero que se posó junto a ellas entre el cañaveral. Estas son escenas que recuerdo de este pasado verano, en una de mis frecuentes visitas “de paso”. Pero tal vez, si esperaba ver a las cuatro nutrias que el cuatro de este enero pasado observé jugando por el centro de la laguna, subiéndose a unos maderos  medio sumergidos que apenas se distinguían entre la niebla.


Con lo que si me pude deleitar fue con  abundantes cercetas comunes, ánades reales, patos cucharas,  algún ánade silbón, ánade friso, fochas, pollas de agua, zampullín común, garceta grande,  pareja de aguiluchos laguneros,  y escribano palustre. Para dar colorido al ocre que domina la vegetación de las orillas, aparecen por el sur un pequeño bando de avefrías, danzando sobre el agua sin tener donde posarse.  Una fina voz me saca de mi ensueño, es un martín pescador que se posa en la barandilla del observatorio, cuando hecho mano de la digital, ya se ha esfumado. 
En el cercano nido me observa una cigüeña blanca. Le han puesto unas hélices para que desista de ocupar la torreta, pero ella ahí está, incomoda pero en su casa de siempre. Ya en el coche aun veo una hembra de azor meterse en el bosque de ribera, ¡era la que faltaba! En verano la vi como atacaba a una urraca desde los sauces.  Seguro que alguna tórtola turca o paloma torcaz que merodea por los alrededores es hoy su pitanza.


Me acerco hasta Chozas de Arriba, hacia otra  de las lagunas donde en verano se suele observar a cigüeñuelas y garza real. Aquí si que se pueden   ver algunos somormujos lavancos, junto a fochas y ánade real. Por el trayecto observo a milano real, ratonero y cernícalo vulgar. Incluso un alcaudón real, tan escaso por El Bierzo.


La verdad es, que si quieres llenarte de aves acuáticas en estos meses de invernada  en nuestra provincia, tienes que acercarte a alguna de las lagunas esteparias o balsas de riego que hay en el páramo leones, aunque este año estén varias secas y todas con bajo nivel. El “estanque” de Villadangos se ha convertido en la actualidad, en un oasis para las aves acuáticas y en un pequeño paraíso para los ornitólogos  de la zona.


Algunas imágenes de la zona:

Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com

domingo, 11 de diciembre de 2011

GRAJILLAS

HISTORIA DE UNA AVE  ANTAÑO COMÚN, QUE HA PASADO A ESTAR EN SITUACIÓN “VULNERABLE” EN EL BIERZO.

 
Hace unas semanas, mientras circulaba  por Fuentes Nuevas,  veo en una tierra arada  al estilo de las antiguas sementeras, a un pequeño bando de grajillas que buscan su sustento junto a un grupo de palomas mundanas. Paro  el coche y observo  con los prismáticos como las grajillas vigilan el entorno mientras las palomas se alimentan mas tranquilas. Junto a ellas corretean una pareja de cogujadas  y dos lavanderas blancas entre los terrones. Estas observaciones me retrotraen a un pasado lejano en Carucedo, cuando aun se sembraban los campos, y grandes bandos de estas aves se alimentaban de los  restos de las cosechas.

Vuelvo pues a mi infancia, cuando muy de mañana iba a la escuela por  la carretera que cruza el pueblo,  y me  pasaban al lado un numeroso bando de grajillas. Silenciosas llegaban desde el naciente y siempre recorrían el mismo camino, por una vía aérea para mi imaginaria. Aparecían por El Areal, a  la derecha de casa de Restituto, se dirigían   por debajo de A Fonte hacia la torre de la iglesia, enfilaban entre los negrillos del barrio de La Aldea, sobrevolaban el de A Cabana, franqueaban el  gran nogal del Meirobello, pasaban junto a los enormes chopos del Plantío, por  debajo de la escuela, y transitaban por la orilla sur del lago en dirección a los riscos de Peñarrubia, donde algunas anidaban. Así durante lustros, y la hora de paso en función de la época del año. Al atardecer hacían el recorrido inverso, aunque no por el mismo trayecto, sino que pasaban más cercanas a las colinas que protegían el pueblo de  frío norteño.

A medio día, junto a bandos enormes de palomas bravías,  se acercaban  a las tierras de labranza de Carucedo y se distribuían por los sembrados en busca de su sustento. Yo recuerdo a ver esos grandes bandos desde la ventana de la cocina de casa de  mis padres, que está cerca  de las huertas de La Pradería. Siempre había alguna grajilla de vigía desde lo alto de un término, poste o mojón. Si llegaba un ave de presa solía cazar alguna paloma, pero nunca vi que atraparan una grajilla. Las dos especies                     anidaban en los cantiles del gran río berciano, y a decir de los mayores, los que conocieron la comarca antes de los pantanos que nos rodean, en las cuevas cercanas a la central eléctrica de Cornatel lo hacían a miles. Aun recuerdo ver volar frente a estos cortados calizos a nutridos bandos de palomas.



Un verano estudié una colonia de grajillas en Pena Abelleira, allá a principios de los ochenta. Puede que influenciado por la lectura de Konrad Lorenz,  uno de los autores que más medió en mis aficiones por los animales, pues siempre me interesó mucho el  comportamiento animal. En esta antigua cantera, tan frecuentes en nuestra geografía, anidaba una pequeña comunidad de grajillas, disgregadas del gran grupo de cría que tenían en los cantiles de Peñarrubia  y Villardesilva su cuartel general. También había otro grupito  anidando en una cueva de las Médulas, cerca de As Valiñas, donde compartían agujeros con las ahora desaparecidas palomas bravías, tan abundantes en aquella época. Algunas ocupaban nidos en la cueva de La Palombeira, cerca del barrio de Balouta, aledaño a Las Médulas.  Y otras pocas en los precipicios del castillo de Cornatel, ocupando huecos en las almenas medio derruidas de este romántico fortín.
Frente a la cantera abandonada monté una “cabaña” con ramas de brezo, escobas y carrascas, y allí me pasé muchas horas de aquel verano. La verdad es, y ahora me doy cuenta,  que lo que hacía era comprobar lo que el prestigioso etólogo había descrito de una colonia que él había mantenido en el desván de su casa. Para mi fueron momentos  muy felices, pues disfrutaba en pleno de la naturaleza, aunque en aquella época, como ya he dicho en algún artículo de este blog, casi no podías decirle a nadie lo que hacías, ¡que te dedicabas a estudiar pájaros!
Recuerdo que cerca de la colonia de doce grajillas, había un nido de lechuza en el cortado calizo. También anidaba colirrojo tizón,  gorriones chillones y una pareja de cernícalo vulgar. He vuelto en posteriores años por este cantil llamado de Pena Abelleira, ¡por ver si anida búho real!

Otra experiencia que  tuve con estas aves, fue un individuo que cogí herido y que mantuve un  tiempo en la terraza de mi casa, junto al águila  “currita” y el cuervo “rufo”. Era muy esquiva, y te picaba por menos de nada. El cuervo no, incluso se dejaba coger y acariciar, al igual que el ratonero. Un día  desapareció, puede que por la creencia de que eran pájaros de mal agüero, un modo de pensar muy arraigado de aquella entre nuestros padres y abuelos.

Años mas tarde, la mayoría de las aves  que formaban aquel gran bando viajero desaparecieron, eran muy pocas las que quedaban. Decían de aquella que les habían explosionado los dormideros  con “barrenos”  y que acabaron con gran parte de  la población. A todos los vecinos les extrañaba que las antaño abundantes “chollas”, fuesen tan escasas en aquel momento.
            A principios de los noventa, cuando yo salía de ruta en mi trabajo de veterinario rural, solía llevar al lado, a eso de las nueve de la mañana, a un grupo de veinte aves. Acomodaba mi velocidad a la del bandito y llegué a verlas llegar a los cantiles de Peñarrubia y Pardollán,  por donde merodeaban todo el día.  
Pocos años más tarde ya solo viajaban una decena de individuos. Algunos días se quedaban por las huertas de Carucedo, y se las veía rebuscar comida entre los campos cercanos al lago, llamados A Veiga, pero curiosamente nunca en sus orillas.
Actualmente, las grajillas han dejado de hacer ese recorrido ancestral.  Parece que esta especie se limita a sobrevivir en las grandes ciudades y en sus arrabales. Recuerdo cuando estudiaba en  León a verlas por la catedral, en otros emblemáticos edificios y también a frecuentar los puentes de las grandes autovías, donde suelen anidar. Incluso edificios y puentes viejos, que aun mantienen huecos donde guarecerse. En un barranco que cruza un puente de la antigua N-120, situado entre Sobradelo y Barco de Valdeorras, siempre se veían grajillas posadas en los pretiles, muy cerca del paso de los coches.

Hace unos meses, en abril,  me pasé media mañana apostado en la plaza de San Marcos, en León, viendo a las grajillas ya emparejadas buscar y defender huecos o repisas de este enorme y majestuoso edificio frente a palomas mundanas - que no bravías- que competían con ellas; como hacían en otro tiempo en los cortados del Sil.
En esos días primaverales, en media hora de asueto del Curso de Auditorías en la vieja Facultad de Veterinaria, me acerco hasta el parque de Papalaguinda, y observo a una grajilla buscando comida por la zona de juegos de los niños. Sube hacia un chopo con algo en el pico, y una urraca la persigue. En los altos edificios del barrio de San Claudio está otra grajilla emitiendo su reclamo. Parece que esta comunidad de aves aun pervive en las ciudades, donde no se consideran “especie en peligro”.  
También pude observar en  Villadangos del Páramo, mientras visito la charca artificial que ahora es de gran  importancia en  riqueza de aves acuáticas, como merodean por los alrededores del pueblo un grupo de grajillas. En principio parecía que solo había grajas, pero la voz de las “chollas” me alertó, y pude contemplar a estos simpáticos córvidos volando entre sus primos mayores. Prestando atención a las colonias de cría de las grajas, se puede ver  a las grajillas anidando en viejos nidos, formando parte de la gran  colonia que pervive casi en el centro del pueblo.



Las grajillas demuestran sus dotes aéreas sobrevolando las torres y edificios de la gran urbe, pero raras veces se posan en el suelo. No se muy bien donde pueden buscar su sustento en las ciudades, aunque las veía  en el antiguo vertedero de León, junto a cigüeñas, milanos, estorninos, grajas y gaviotas. Ahora que ese tipo de vertederos no existen, no tienen fácil la búsqueda de comida. Por los campos  sembrados en  el Páramo se suelen observar a grajas y cornejas, pero no grandes bandos de grajillas  que tendrían que alimentarse por estos parajes y usar la ciudad como zona de cría y dormidero. Sería lo propio de la especie. Puede que en la zona de Los Oteros se observen más las grajillas. En algunas ocasiones las he visto desde  el coche merodeando por palomares abandonados.

En el Bierzo, las grajillas frecuentan las almenas del remozado castillo de Ponferrada, en las paredes del Monasterio de Carracedo y en el campanario de la iglesia de La Encina.  Las he contemplado en Bembibre bajo los puentes de las carreteras, y merodeando por los arrabales de la villa. No suelen verse por zonas rurales, salvo algún grupo aislado por campos de cultivo aledaños a la ciudad. En las pasadas fiestas de La Encina, desde el Parque de El Temple pude ver pasar sobre el gentío un bando de unas  cuarenta grajillas que volaban hacia el castillo. ¡Lo mejor de las fiestas!

Al faltar de nuestro medio rural este córvido, su espacio lo han ocupado las cornejas, es fácil ver a una familia estas aves en medio de pueblos, donde la escasa población humana las permite merodear entre los huertos y jardines, buscando la oportunidad de coger alguna pitanza que en otras épocas eran propias de sus primos mas pequeños.

Otras aves han menguado sus poblaciones  en  nuestros campos, sobre todo en esta zona del Bierzo Oeste. A las en otras ocasiones  mencionadas cogujadas, palomas zuritas y mochuelos, se unen gorrión molinero, gorrión chillón, triguero, lavandera boyera, totovía,  chova piquirroja, autillo,  collalbas  y alguna ave más de campos abiertos.
Parece que las abubillas tienen un ligero repunte en su población, pues este año se han  visto varias. Asimismo se nota un aumento de aves forestales, como gavilán, abejero europeo, zorzales comunes,  palomas torcaces, petirrojos, curruca cabecinegra, pico picapinos y  arrendajos. 


Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com
 






domingo, 7 de agosto de 2011

"Salvemos El Bierzo, salvemos el planeta"



Hacia 2050 habrá en la Tierra cerca de diez mil millones de personas, ¡ y se tendrán que alimentar!. Los grandes inversores económicos se quieren hacer con el monopolio de las materias primas, y están poniendo en cultivo miles de millones de hectáreas de países en desarrollo o emergentes, desplazando la vida salvaje a reductos o refugios casi relictos. En este último año los cereales han subido de precio mas de un 40%, en principio por la guerra comercial de su uso como biocombustibles, pero parece que en el fondo es una lucha económica para hacerse con la producción y distribución de la “base” de la alimentación mundial. Estos monocultivos destruyen la biodiversidad, pero ¿Qué importa, si está en juego la Seguridad  Alimentaria de la Humanidad?
Se contempla que la mitad de las especies animales de Europa se extinguirán en ese mismo año, el 2050. Posiblemente desaparezcan antes las ballenas, y otros grandes mamíferos, a causa del susodicho calentamiento global y falta de recursos. La temperatura del mar se eleva, disminuirán las concentraciones de algas marinas,  desaparecerán de amplias zonas  el zoo y fitoplancton, disminuirá al máximo el krill, lo cual afectará a las especies que están en su cadena trófica. Todas las especies  de pingüinos han disminuida en un 50 % sus poblaciones, aunque no se aprecie la desaparición de ninguna actualmente. O bien, estas especies afectadas  se limitarán a sobrevivir alrededor de los polos. Cada animal tiene que hallar su propio espacio pero el ser humano poco a poco se lo reduce al mínimo. Los arrincona el progreso.
Otro perjuicio se verá por la deforestación de zonas tropicales, lo que lleva a la desertización. Los bosques junto con las algas marinas son los sumideros naturales de CO2, además de ser los grandes reguladores del clima. La climatología es quien conforma la actual vida en la Tierra, si cambia el clima, cambiarán las condiciones de vida.
Esta deforestación de ciertos hábitat ya está afectando a orangutanes, tigres, osos pandas, elefantes, gorilas, faisanes  y muchas mas especies.  Puede ser una postura pesimista la que estoy planteando, pero no hay mas que echar un ojo a la bibliografía que hay al respecto, y pocos tienen una aptitud optimista, aunque a veces surge un atisbo de esperanza.  Ya en 1979, nuestro recordado  Miguel Delibes  pronuncio un discurso de ingreso en la Academia, que a posteriori terminó siendo “Un mundo que agoniza”, pionero en este pensamiento ecológico. Muchos han seguido estas directrices y no es que yo ahora me desate,¡ pero tenía que decirlo!
Las muestras o indicios son cada vez mas evidentes. En el último año muchas catástrofes naturales, algunas inexplicables, han sacudido el Planeta. Desde la muerte de miles de tordos en Arkansas, tórtolas en Italia, córvidos en Dinamarca, peces, anfibios, mariposas, … y lo que no sabemos; hasta terremotos y tsunamis en el Pacífico, volcanes y frío polar en Sudamérica, tormentas de arena y tremendos tornados en Norteamérica, sequías en África y enormes  inundaciones en Europa. Estos grandes desastres naturales –lo de la radioactividad en Japón, o los derrames de petróleo son a causa nuestra-, hacen que la Profecía Maya, la Teoría Gaia, o bien las “visiones” de Nostradamus, o incluso las predicciones del Apocalipsis nos revuelvan la mente. ¿Dónde vamos a llegar?.
Se está vislumbrando que las erupciones o tormentas electromagnéticas del sol pueden ser el  motivo u origen de estos desastres. Tal vez como justificando que no depende de nosotros, o tal vez buscando las causas porque todo mundo  percibe  un serio  problema. Hasta en El Bierzo  a un día de “ola de calor” le sigue otro  de alerta por frío. ¡El tiempo está loco! Dice un tertuliano octogenario en el pueblo, mientras juega la cotidiana partida.
Por otro lado, la búsqueda de energía para mantener nuestro “tren de vida”, nos lleva a destrozar de una forma calamitosa nuestro entorno. No hay mas que ver las enormes explotaciones a cielo abierto que se están produciendo en Canadá, Alaska, la taiga siberiana, en el Amazonas, y en muchas mas zonas hasta hace bien poco paraísos naturales. Y no acaba ahí la cosa. Con el calentamiento global se deshiela el Gran Norte, reserva hídrica del planeta y regulador del clima por el efecto reflejo que el hielo tiene sobre la luz solar, devolviendo sus radiaciones mas nocivas a la atmósfera. Pero las grandes potencias  están esperando el deshielo para aprovechar los recursos naturales que se ocultan debajo. No les interesa hacer nada por evitarlo, incluso alardean del beneficio para acortar las rutas comerciales trasatlánticas.  EEUU consume al día 20 millones de barriles de crudo, y China pronto lo superará. Hay una gran competencia por el gasto energético, puesto que es índice de calidad de vida. Es la pescadilla que se muerde la cola. A mas consumo –que parece ser la solución a la crisis-, mas necesidad de recursos, mas residuos, mas contaminación, mas degradación ambiental.
Ni que estuviésemos locos ¿Hasta cuando aguantará el planeta este ritmo insostenible? Da la sensación de que la Tierra llega a su límite y empieza a romperse por todas partes, de ahí que se den fenómenos cada vez mas catastróficos y con mas frecuencia.
A la búsqueda de petróleo, madera y minerales se ha unido pues la especulación de los agentes agroalimentarios, que con la excusa de dar de comer a la creciente población humana están poniendo en producción o esquilmando grandes extensiones en África y América, a cuenta de espacios naturales de gran riqueza ambiental. ¡Hasta hace bien poco, los excedentes productivos de Europa se incineraban!  La FAO suele hacer frecuentes reuniones  de sus miembros, con el fin de buscar soluciones para paliar el hambre en el mundo. En la última de Roma, no llegaron a ningún acuerdo, pero lo celebraron con una cena de despedida donde degustaban catorce platos por cabeza. ¡Que falta le hacían en Somalia!
Y hablando de incineraciones, aquí tenemos el problema encima. La quema de residuos en El Bierzo, que puede llenar de tóxicos nuestra comarca. ¿Cómo podemos presumir de Seguridad Alimentaria, o de cultivos ecológicos, cuando los humos inundan nuestros productos agrarios y ganaderos? No hay mas que ver como están los tejados de la hoya del Bierzo. Ahora que se puso  en entredicho a los productos españoles por la crisis alimentaria en Alemania, bien podíamos tomar nota para evitar la contaminación ambiental de nuestra tierra. O al menos restringirla  al máximo, evitando vivir bajo  una nube tóxica, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Hace ya muchos años, una Bióloga nativa de Dehesas, hizo un estudio en la Universidad de León, donde analizando los líquenes de la zona  como bioindicadores, demostraba la alta contaminación de la comarca. Achacaba la causa en parte a la cementera, y en parte a la empresa CEDIE situada entonces en la vecina Valdeorras. También estudios sanitarios atribuyen a la contaminación ambiental el alto índice de alergias cutáneas que prevalecen en esta zona del Bierzo.
Indudablemente esto que nos afecta, al lado de lo que acontece en el Planeta parece insignificante, y nuestra forma de vida nos obliga a cargar con las consecuencias. Hoy los residuos son el gran problema de la sociedad. Nadie quiere cerca cementerios nucleares, las basuras de las grandes urbes, antenas de telefonía, humos de fábricas, y se envían lo mas lejos posible. Así están los ríos del mundo, como grandes cloacas. E incluso el mar, se sabe de una enorme isla de plásticos flotantes que deambula a la deriva en el Océano Pacífico. Al parecer, se encuentran desperdicios desde la Antártica hasta el Everest. Pero lo que si es cierto, es que cada uno debe defender lo suyo, su terruño. Cuando se ve al lado  el peligro se es mas consciente del problema.   Será el modo de llegar a un consenso de protección global, tratando de buscar el utópico desarrollo sostenible, a una concienciación ecológica del consumismo y a un equilibrio medioambiental que con el tiempo nos será obligado.

  Artículo adicional 
y
referencias bibliográficas :







Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com 
 

P.D. En el próximo artículo hablaré solo de pájaros.

 

 

jueves, 26 de mayo de 2011

"VIEJOS ARBOLES: TESOROS DEL BIERZO"



                              Nidos de cigüeña en castaño

Es domingo, y madrugo un poco. Ayer, como es costumbre  en Semana Santa, cae la tormenta de rigor, y a mi me pilló bien. Tanto en Salas de la Ribera a media tarde, mientras cosía una oveja de un tajo que le dieron al esquilarla; como al atardecer en Sobrado, al desparasitar un pequeño rebaño al aire libre. Gajes del oficio, del trabajo en el campo.
Desde el portal veo que el tiempo se despeja, pero unos cúmulos de nubes no dejan salir el sol frente a Ferradillo, y hay mucha humedad en el ambiente. Me pongo una “zamarra” para el frío,  de colores llamativos, pues puede que algún cazador de rececho al corzo aceche por  el monte y me de un susto.
En el castaño que está frente a casa hay una pareja de jilgueros, junto a un nido del pasado año. A mediados de mes me sorprendo al  verlos  recogiendo de este nido material para el nuevo, que lo hacen en unos cerezos cercanos. Principalmente se llevaron los materiales que lo forran por el interior, dejando la estructura externa sin tocar. ¡Estos si que reciclan!
Ya en una ocasión pude observar como una pareja de  carbonero común le robaba musgo a un nido de mito, acarreándolo para el suyo situado en un agujero de un muro cercano. Terminaron  incluso deshaciéndolo por completo, ante los chillidos de impotencia que los pequeños páridos emitían frente a su primo mayor.
Mientras desato el perro, oigo las voces de unos abejarucos, una veintena posados en unos cables cercanos y que están con las plumas ahuecadas, por el  frío matinal, o tal vez con el temor de que lejos de salir el sol, sube la niebla del lago y aun hará más húmedo el ambiente. El “orballo”  es muy fuerte, y se ve bien por donde pasó un  corzo o un  raposo no hace mucho, pues queda el rastro marcado en las hierbas. También hay heces de erizo por el paso.
El canto de los ruiseñores oculta otras voces, pero se oye al cuco, torcecuello, torcaz, una curruca carrasqueña cercana y el tamborileo del picapinos. Voy por el centro de un camino carretero, no por veredas o sendas estrechas, donde suelo ir por costumbre. En esta época del año hay muchas garrapatas en las estepas, que ahora están en flor, y suelen esperar al paso de algún “animal” de sangre caliente para soltarse de la escoba y subirse al pelo o pantalón del transeúnte. Y bueno, todo mundo sabe que estos parásitos son muy peligrosos, no solo para el ganado y la fauna silvestre.
En zonas abiertas, antaño campos de cultivo y ahora llenos de matorral y árboles dispersos, además del  canto de los abundantes ruiseñores,  destacan  también las voces de verderones, pinzones, pardillos, jilgueros y verdecillos. No oigo triguero, aunque a principio de mes si lo vi en el valle del río Cabrera. Tampoco veo totovías correteando por algún descampado. Parece que cada año estas aves son  más escasas en este valle. Si observo a escribanos soteños moverse por el camino y varios mirlos merodear entre los majuelos,  espinos y los rosales silvestres ahora en flor. No ha llegado la curruca zarcera, ni la oropéndola, tampoco vencejos y no he visto ninguna culebrera este año. Se oye el canto de curruca capirotada y rabilarga, además del carraspeo de alguna curruca cabecinegra. Al pasar por un estrecho collado, llamado Sudafraga por los lugareños, con abundante vegetación, oigo el canto de chochín, petirrojo, acentor común y zorzal. Desde un montículo del “Cavorco do Barro” emite su reclamo  una perdiz. También les vi el blanco trasero  a dos corzos que salían  pitando hacia las  Valiñas. Hasta aquí no llega la niebla.

Cerca de la fuente de Fonrobello, oigo a un pito real moverse por un viejo roble. El perro se acuesta ya cansado a mi lado, así no me espantará las aves. Me siento en una piedra un poco, a observar el campo, pendiente del pájaro carpintero, y puedo admirar la cantidad de aves que acoge este viejo árbol; así como la avifauna en un cercano castaño que reverdece ahora, y en un encino de mediana talla no muy lejano.
                                  Pájaros forestales  

Está el roble con los primeros brotes, y aún deja que podamos ver a sus inquilinos. Merodean  por sus ramas, además del pícido, una pareja de mitos, un herrerillo común y  un mosquitero común. Aun no ha llegado el zarcero común, que suele alegrar el bosque con su algarabía. De las matas que salen en su pie, surge el estridente canto de un chochín, y se mueve entre la hojarasca  del suelo un mirlo. Pasan por su copa una pareja de escribanos montesinos, un verderón macho que silba un poco y luego una pareja de camachuelos. Llevo media hora inmóvil y son muchas las especies de aves que observo. Y es mas, en el cercano castaño, también maduro, oigo unos arrendajos, el arrullo de una torcaz y el canto de ruiseñor. En el encino está una pareja de reyezuelos listados,  al menos una curruca capirotada y se oye la voz de agateador común. En los árboles jóvenes que hay cerca apenas si se posan algunas aves, principalmente algún verdecillo o pinzón, pero no por mucho tiempo. Ahí no tienen cortezas rugosas o desprendidas, ni huecos donde rebuscar o anidar, y el follaje no es tan tupido. Proliferan ahora plantaciones de frondosas, como robles y cerezos, pero que no van a llegar a árboles añejos. Es una forma de “aprovechar” los antiguos prados, ya que no hay “diente doméstico” que los paste. 
Tenemos mucha vegetación actualmente en El Bierzo, pero cada vez son  menos los árboles viejos o maduros. Esos árboles que llenan el suelo de humus, que cobijan en sus huecos a infinidad de aves y otros animales, y que bajo sus cortezas tienen el alimento para muchos habitantes de nuestra fauna. Hay un refrán que dice que “los árboles no nos dejan ver el bosque”. Pero pienso que la abundante floresta que ahora nos rodea, no nos deja ver o echar de menos, los árboles que ahora nos faltan. En concreto, la falta de árboles viejos.

            En Carucedo han desaparecido los grandes olmos de todas las   plazas, varias de las retorcidas morales o moreras, el “xardón del concello”, y muchos de los viejos castaños y nudosos chopos del país que rodeaban el pueblo.  Incluso se han arrancado antiquísimos  olivos, bien para despejar plazas, como ocurrió en el Sagrado de la iglesia de Carucedo; o para adornar jardines en los alrededores de la gran urbe. Por el entono, cabe recordar otros árboles desaparecidos, como el legendario árbol del amor de Pombriego, e incluso un magnolio grandioso en Vilela.
Aun quedan  frondosos nogales por la comarca, pero no como los de antes. Solo recuerdo ver un viejo nogal, a mediados de los 80 en La Faba, y que ya estaba vendido. Dicen los paisanos, que en el pueblo de Voces cortaron algunos “conchales” que tenían que sacar del valle hasta con tres parejas de bueyes. Algo parecido describen en Benuza , donde aun hay muchos “nogueiros”, pero de media talla. Están muy buscados para ebanistería.


                               Tesoros perdidos del Bierzo

           En mi municipio aun  pervive el abedul de Os Vales, el acebo de A Garganta, el laurel de Balouta, los encinos del San Juanín y  algún  roble de la Devesa de Dones, cerca de Las Médulas. Son abundantes los grandes alcornoques de Lago, Villarrando y Campañana. Y aun nos quedan algunas moreras por el entorno. No están muy lejanos los tejos de Ferradillo, los antiquísimos  robles de Llamas de Cabrera o el ciprés de la herrería de Pombriego.
Hay un bosque maduro digno de destacar, el Parmo, que mantiene algunos viejos encinos y madroños, y sobre todo a los “Zufreiros del Frade”, los  más viejos alcornoques de esta parte de la península. Un bosque típico mediterráneo, poco estudiado y digno de proteger. Solo mencionar, que por la parte de Galicia es Parque Natural, “La Sierra de La Encina de La Lastra”, donde destacan unos enormes encinos en el pueblo de Covas.
Otro bosque, mucho mas conocido, es el famoso  soto de las Médulas, con sus “castaños bravos”  y los tocones centenarios de los “castaños injertos”; es otro ejemplo cercano de  bosque  atlántico o continental. Pero hay muchos mas sotos de castaños por la comarca, mezclándose con tupidos rebollares. Y  de otras especies singulares,  como en el pueblo de Yebra, donde un bosquete de  almez le da un cierto aire exótico a este recóndito valle de La Cabrera. Y cabe señalar el bosque de loros y laureles que aun perduran en el valle hacia Fornela, reliquias de otra época, curiosamente en una cuenca minera.

 Por la comarca sobresalen algunos árboles ornamentales, a veces gracias a la encomiable labor que algunas asociaciones conservacionistas están realizando, cabe destacar a La Morteira, que nos pone sobre aviso de los peligros que corren el tejo de San Cristóbal, el castaño de Villar de Acero, el encino de Otero, o el ciprés de La Anunciada. Árboles legendarios, leyendas vivas de la naturaleza de El Bierzo y que debemos conservar. Y no solo por cuestiones estéticas, genéticas o paisajísticas, sino por la función vital que los bosques y árboles maduros realizan en los ecosistemas naturales.


Pienso en un artículo que mandé a Quercus hace años, donde literalmente escribía: “Las últimas normas de la P.A.C., respecto a la condicionabilidad del Pago Único por explotación., obliga a agricultores y ganaderos a unos requisitos legales de gestión y de buenas prácticas agrarias y medioambientales. Su ámbito de aplicación se extiende a medidas de protección de aves, de hábitat, de aguas, de fauna y especies vegetales protegidas, de preservar la materia orgánica del suelo, de evitar residuos, tanto ganaderos  como fitosanitarios… Incluso, obliga a preservar algunos árboles viejos por hectárea, que sirvan de refugio y lugar de nidificación de la avifauna, así como la conservación de lindes, bosques de ribera, etc”. Con estas medidas, especies de aves como torcecuello, gorrión molinero, abubilla, paloma zurita, autillo, mochuelo y algunas  más que están en franca regresión, verían mejoradas sus poblaciones. Todo muy positivo a nivel conservacionista, pero que al parecer solo se desarrollan sobre el papel, puesto que quien mas incumple es la administración. Solo recordar las cortas a “matarrasa” que se realizan en muchos bosques galería por parte de Confederación, o las concentraciones parcelarias que eliminan los viejos setos y linderos de fresnos.


Sigo el camino ya de vuelta, y observo como gorriones y estorninos se disputan los escasos agujeros que hay en las edificaciones. Estas aves, junto con las lavanderas y colirrojos, no encuentran muchos huecos en las reformadas edificaciones de los pueblos. Este año restauraron un antiguo caserón en el barrio de A Fonteiña, y una colonia de gorriones comunes perdió sus nidos, dispersándose por el barrio y buscando huecos donde pueden. Bajo el alero de casa de Braulia, una pareja de pardales le disputa el nido a una pareja de  avión común, que antes de acabarlo ya tuvieron que empezar otro. Se ven los dos nidos contiguos, uno con el agujero cerrado, y el otro descolgándole material por la abertura más grande e inacabada.
Un milano negro recorre la carretera a Las Médulas, en busca de alguna carroña, generalmente la de un sapo, antes de que llegue la afluencia de turistas de este día, Domingo de Resurrección.
 En una torre eléctrica, a la vista de casa,  hay un ratonero con el plumaje enhiesto, esperando tal vez a que el sol salga y elimine la humedad  que le agarrota. Dos urracas lo acosan por abajo, muy cerca tienen su nido.
Aun siguen dos abejarucos posados en las ramas secas de un castaño, con el plumaje erizado, como tratando de eludir que la niebla que ahora se disipa les moje. ¡De fotografía! Otros del grupo ya dan los primeros vuelos sobre la alta hierba, a la captura de los escasos himenópteros.
Al subir las escaleras de casa, oigo la voz de las culebreras. Una pareja merodea en círculo sobre el tejado, parece su carta de presentación. Tienen la pluma algo desmejorada, como huecos en las alas. ¡Necesitan un buen baño!  Otros años ya estaban aquí a  mediados de marzo, pero en el presente ya se ve, a últimos de abril. A partir de ahora es fácil que su observación sea cotidiana hasta el otoño. Arrulla una tórtola en los castaños de A Barranca, es también la primera del año.

Por la tarde, en Magaz de Abajo, me sorprenden unos pollos volantones de jilguero, escondiéndose  por el frondoso jardín de  casa de mis cuñados, donde fuimos a festejar la Pascua. En la zona de Carucedo aun se ven las parejas juntas, o bien con material para el nido, y aquí observo a cuatro pollos reclamando con su peculiar “chivii” la pitanza a sus progenitores, que se afanan por apañar semillas de diente de león para llenarles el buche. En la chopera aledaña canta una oropéndola. Es curioso, como cambia la fenología de un valle a otro cercano, aun dentro de la misma comarca.
            Al lado, en un viejo nido de urraca, está criando un cernícalo vulgar. El macho caza en una cercana tierra arada, cerniéndose en busca de algún ratoncillo, abundantes este año por cierto, y vemos como acude al hogar para llevarle a su pareja la comida. El nido está en una gran pícea de jardín, a veinte metros de la ventana de la cocina que nos sirve de “hide”. Los viejos árboles acogen mucha vida.

Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com 












jueves, 10 de marzo de 2011

"ACCIONES DE CAZA"


            Pareja de somormujos lavancos (Podiceps cristatus)
                              en el lago de Carucedo

Acaba febrero y aunque hay nieve en los altos y los días de lluvia son muy oscuros, las aves ya empiezan a anunciarnos la próxima primavera. Comienzan a salir las primeras mariposas del año, generalmente las cárdenas. Las currucas capirotadas cantan desde las enredaderas y aligustres de los jardines, que aun tienen bayas, y es donde pasan todo el invierno. También frecuentan algunas higueras con el fruto ya seco, y los pocos árboles de caquis que hay por la comarca. Los floridos frutales compiten en esplendor con el colorido de los camachuelos y herrerillos que los frecuentan. Hasta el negro plumaje del mirlo se hace muy vistoso, en contraste con su amarillo pico, cuando se cobija en el seto donde va ha construir su nido. Pasa mucho tiempo posado entre sus ramas, supongo que para comprobar la seguridad del mismo.                                                     


                Pareja de ánade real (Anas platyrhynchos)
                           sesteando en lago de Carucedo 


Los somormujos lavancos hacen sus danzas de imitación resaltando el brillo de su plumaje. Los machos de ánade real acosan a sus parejas con arrumacos nupciales en el agua, seguido de copulas y una posterior siesta en la orilla, con la cabeza bajo el ala. Se oye frecuentemente el tamborileo de pico pica pinos y el canto territorial del carbonero común. En las horas crepusculares resalta el trino aflautado del zorzal común, cuando aun se ven nutridos bandos de zorzales alirrojos en invernada. Los gorriones comunes arman gran algarabía bajo el nido donde ya incuba la cigüeña, mientras escogen la ubicación de los suyos. Los machos de pinzón común se separan de los bandos y exhiben su plumaje ante un rayo de sol, desde la rama baja de un chopo, anunciando un lugar donde anidar.


Hay un ave que me gusta mucho en esta época, porque se hace más evidente su presencia. Ya lleva unos días el colirrojo tizón marcando su territorio, y ahora está con el nido a vueltas. La hembra no se hace notar, pero el macho canta desde el alto de los tejados, donde muestra su librea y resalta la mancha blanca en su plumaje. Cada barrio del pueblo tiene su pareja, pero cada vez hay menos individuos de esta especie. Quedan pocos huecos en las restauradas casas rurales, y apenas hay pajares y cuadras viejas en los pueblos. Y sus enemigos, los gatos domésticos, proliferan.
En este invierno he podido disfrutar de algunos detalles de las aves, pautas de su comportamiento que emocionan al aficionado. Cuando paseas a diario por los mismos parajes, ya no te fijas en el paisaje, y no tratas de identificar a las aves que día a día sabes ya donde están. En invierno observas la avifauna por si ves alguna rareza, alguna sorpresa que resaltar en el diario de campo. Y como no es fácil que eso ocurra, reparas más en el estudio y comportamiento de la fauna. Hasta un petirrojo o un mirlo te pueden sorprender, aunque la observación de algún ave emblemática de nuestra comarca es lo más esperado. Esta mañana desde mi ventana estuve observando un mirlo remover toda la hojarasca que queda bajo un castaño cercano. Con el pico revuelve todo el humus y si hay alguna lombriz escondida, la coge con su pico, tira de ella hasta desenterrarla por completo y se da un festín. Un petirrojo se mantiene posado en las ramas bajas del árbol al quite, y cuando salta algún insecto, larva u otro alimento que pasa desapercibido para el mirlo en su trabajo de jardinería, el petirrojo baja al suelo, lo coge y vuelve a comerlo a su peana. A veces, una tarabilla común está atenta a este suculento banquete.
Un poco más lejano, rebuscando entre las hierbas a orillas del sendero, un zorzal común está atento al campo. Lleva la cabeza alta, parece que vigila el cielo más que mirar el suelo, pero de pronto, coge un caracol con su pico, y a saltos se acerca hasta una piedra plana que sobresale en la senda. Le da unos golpes y rompe el caparazón, tragándose luego el carnoso contenido de la concha protectora ya rota. Se ven sus restos cuando paseas por los caminos rurales.
                     Aguilas reales (Aquila chrysaetos)
                    comiendo una oveja en La Cabrera

Este invierno, y gracias a las nuevas tecnologías, pude obtener cientos de fotos de águilas reales, alimentándose sobre el cadáver de una oveja. No vi ninguna acción de caza de esta majestuosa rapaz, pero logramos fotos de cómo la pareja y la cría del año se alimentan día tras día de la carroña que estaba a su disposición en la nieve. Llenaban el buche a más no poder, y espantaban a los cuervos que se acercaban a la fácil pitanza. Los zorros no se aproximaban mientras las águilas estaban cerca de los restos, solían acudir de noche. Los lobos no se arrimaron a la carroña. Ahora hay muchos animales de caza mayor en la sierra, y la manada que aquí sobrevive tiene suficiente alimento. Son muchas las cacerías que se dan durante la temporada, y siempre quedan piezas heridas que son fácil presa para los lobos. Este invierno se han visto menos ciervos en La cabrera, consecuencia de la epizootia del verano.
Otra acción de caza singular en pasadas fechas no pude verla, pero si oírla bien. No es la primera vez que escucho los gritos lastimeros y de alarma de urracas y cornejas en mitad de la noche, consecuencia de la caza de algún córvido por un pequeño carnívoro. Pero el pasado enero, a altas horas de la madrugada, toda la familia nos despertamos ante los graznidos de dolor de lo que parecía una corneja, en unos cercanos encinos, repetido durante unos minutos. Escucho asomado a la ventana –con el frío que hacía-, y se calla, luego vuelve a graznar. Ya acostado, al cuarto de hora oigo la voz ronca de un búho real. Hacía muchos años que no lo oía. Lo había visto en otoño posado en una señal de tráfico cerca del lago. Pero la voz del gran duque no la recordaba desde otro enero de hace más de una década en una oscura noche, cerca de La Barosa, en que yo andaba de trabajo nocturno. De aquella aún había partos de vacas por la zona, y a veces a horas intempestivas.
Hace unos días, en Santalla del Bierzo, veo a un esmerejón atacar un bando de gorriones comunes mientras se desperezaban en un seto. Son escasas sus observaciones por la comarca, y me hace recordar otro ataque de esta rapaz a un bando de pardillos que pasaban muy cerca de mí. El esmerejón reemplaza al alcotán por estas tierras, y sigue a los bandos de pequeños pájaros emigrantes en sus viajes. Pero no es fácil verlo y son de esas observaciones que recuerdas siempre. El pequeño halcón se descuelga raudo del cielo, sorprende a los pardales, y se marcha con su presa hacia unos chopos cercanos. Yo estaba atendiendo unos animales de un cliente, y me quedé “pasmado” ante el espectáculo.
Ayer mismo, en La Pradería, las huertas que rodean a Carucedo, pude observar otra faena de caza preciosa. Un gavilán pasa delante del coche, en vuelo restriego, y se dirige hacia las baldías huertas. Ya con el coche parado pude observar como el gavilán se lanza sobre un bisbita que se alimenta en el suelo. Esta se escapa en el último momento y asciende lo más rápido que puede. La pequeña rapaz gira rápido y en vuelo ascendente, con potente aleteo, persigue a la pequeña avecilla ganándole espacio de un modo muy evidente. Cuando ya la tiene a su alcance y tiende sus garras hacia el ave, esta da un quiebro y sigue ascendiendo, siempre hacia el cielo. Al fallar, el gavilán sale con vuelo pausado hacia los secos negrillos que hay en el pequeño bosquete del Outeiro. Allí se posa en un árbol, camuflado por el color de las ramas secas, pues es una hembra. La puedo contemplar a placer desde el coche. Está exhausta, pero sigue observando las tierras de cultivo desde este lugar que muchas veces le sirve de atalaya.
Recuerdo otro caso muy curioso con un gavilán, en el centro del pueblo. No se si ya lo he contado. Era Bea muy pequeña, y la llevaba a la escuela a la tarde. Me paré a charlar con mi tío Julio, y nos juntamos con Berto y Jacinto, en el barrio de Santo Cristo. En esto, pasa un gorrión entre nosotros, y se mete en un gallinero del señor Antonio. Al instante, pasa un gavilán por el mismo lugar que su presa, pero le tira la boina a Jacinto, le da con un ala a Berto y pasa entre las piernas de Bea. El gavilán, más sorprendido que nosotros, abandonó su persecución, se escapa bajo un corredor aledaño y se aleja por el callejón de casa de Pepe en dirección a las Matas. Tampoco nos reímos con Jacinto.
                       Cormoranes (Phalacrocorax carbo)  
                 en lago de Carucedo disputándose una carpa

Los “odiados” cormoranes que patrullan el lago de Carucedo, y todas las masas de agua de la comarca, también son dignos de observar en el dominio de sus hazañas de caza. Sorprende ver a un cuervo marino en el lago pescando una carpa, ser acosado por sus congéneres y luego tragárselo. Pero donde más he disfrutado viéndolos es desde la cocina de Amador, en el pueblo de Cancela. Allí, frente al río Sil somos espectadores de excepción de un modo de pescar muy peculiar de los cormoranes. Algunos de ellos se quedan flotando en línea, ocupando todo el ancho del río. Luego, otros vienen río abajo moviendo las alas, batiendo el agua y haciendo mucho escándalo. Empujan la pesca hacia sus compinches, y estos se sumergen al verla llegar, saliendo al poco tiempo con un pez entre sus fauces. Más o menos como hacían con redes, “avantes” y “maxoiras”, los ribereños de estos ríos en el pasado.
Algo parecido hacen los lobos en la sierra, a decir de Pedro, el de Llamas. Cuenta que ha visto como varios lobos suben por los canchales y entre las laderas de matorral, haciendo mucho ruido, chasquidos de dientes y casi ladridos. Los corzos ascienden hacia las cumbres, escapando de los grandes cánidos, y al coronar las cimas por los pasos naturales, allí los espera un lobo que los sorprende y hace presa fácil en el pequeño ungulado. Vamos, una montería en toda regla.
Pude ver este invierno, como un ratonero cazaba una gran rata a orillas del Pantano de Peñarrubia. Hace años abundaban las ratas de agua por la zona, y era fácil observar a un buteo acechándolas desde el palo de un pozo de riego. Pero ahora no las hay, y las ratas de cantarilla son difíciles de ver. En Peñarrubia son habituales, y un ratonero frecuenta esta zona. La rapaz la atrapó a orillas de la carretera.
Los animales tienen que buscarse su sustento día a día y aunque es algo rutinario, no es fácil poder observarlos en plena actividad. No hace mucho, un halcón golpea una paloma de Eduardo, el único bando que vuela a diario por Carucedo, cerca de mi casa, y esta cae al suelo. El halcón vuela en redondo sobre nosotros, y el perro persigue la paloma que se queda entre unas hierbas. Cojo la paloma, y veo como el halcón se va. Curé la paloma, pues el corte de la uña era en un costado y no muy profunda. Pero luego tenía el remordimiento de que molestase al halcón en su tarea de caza. La eterna disyuntiva entre la afición y la profesión.
Cuando encuentro algún animal muerto en la carretera, ahora que los milanos negros no la patrullan, suelo traerlos para casa y ponerlos en un lugar donde de noche un zorro da buena cuenta de ellos. Es curioso como los animales se adaptan a la búsqueda de su sustento.

Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com

miércoles, 22 de diciembre de 2010

"NUESTROS HUMEDALES"

Estos días llueve y hace un fuerte viento. Hay nieve en los altos del Bierzo, y ya ha pasado la bonanza otoñal. Después de sufrir las primeras heladas, han caído las amarillentas y rojizas hojas de los chopos, arces y cerezos. Los abundantes mosquitos de principios de octubre, acosados por papamoscas cerrojillos y una abundante población emigrante de petirrojos, han dado paso a la crudeza otoñal, donde bisbitas, zorzales, escribanos, bandos de pinzones, pardillos y jilgueros rebuscan por los húmedos campos en busca de semillas y algunos insectos. Llegué a contar hasta cinco petirrojos por Ha, en zonas de arbolado disperso y algunos prados a principios de octubre. Luego, con los fríos y el empeoramiento del tiempo, se han reducido las poblaciones. Algunos siguieron con los cerrojillos la migración, otros son víctimas de los coches y algún gavilán, y el resto se ha establecido en la zona, con una densidad ahora de uno por cada tres o cuatro Ha, según el paraje. Debe ser algún tipo de selección, llegan muchos y se aprovechan de los aun abundantes insectos, van cogiendo un territorio; algunos siguen la migración, otros se quedan, pero la mortandad invernal es alta en el simpático “paporrubio”. Apenas se ven tarabillas y currucas capirotadas este otoño.
Ha pasado el verano, y hago recopilación de observaciones. Este año han destacado los buitres en La Cabrera, por la epizootia que se dio en los ciervos por estas montañas. La enfermedad a la que se atribuyó esta mortandad, es típica en las explotaciones ganaderas, mayormente a causa del transporte. La Pasterella es una bacteria que está como comensal en el tracto respiratorio superior y que ante una bajada de defensas en los animales, a causa del estrés, actúa sobre la zona pulmonar y causa este tipo de patología. En principio trastornos neumónicos y que pueden derivar en un cuadro septicémico mortal. Para mí, que trabajo como clínico por esta zona, me parece algo que se veía venir. En primavera llovió mucho, y los pastos fueron abundantes. Pero un estío muy caluroso quemó prácticamente el pasto, dejándolo muy seco, salvo en los regatos y zonas donde corría un hilo de agua, que este año no se secaron. Las noches eran muy frías. Podías estar a 35 ºC a las siete de la tarde y a la puesta del sol bajar a dieciséis. Vi a ciervos y corzos comiendo hierba seca, cosa que en los corzos no es normal. Hay un exceso de población de caza mayor en la sierra, lo cual ha originado un estrés alimenticio en la población de ungulados. Esto ha llevado a que se desencadenen enfermedades que no tienen otra función que corregir la población de animales silvestres. Creo que el hombre debe regular estas poblaciones, sino pasará como en un Parque Nacional de Norteamérica hace unas décadas, donde hubo una alta mortandad de ciervos de virginia porque acabaron con el pasto, y se murieron de hambre. Aquí no pueden migrar como en África.

                 Zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis)  
                                   en el lago de Carucedo

De estos procesos naturales, los beneficiados fueron la prospera población de lobos instalada en La Cabrera, y los buitres que todos los veranos nos visitan. A mediados de agosto llegué a ver más de cien buitres leonados aposentados en las peñas de Pico Tuerto y La Portillina, que usan como dormidero; y hasta ocho buitres negros sobre la cumbre de Cruz Mayor. Aparte de ver buitres, águilas reales, algún halcón abejero, aguiluchos pálidos y cenizos, e incluso un azor; lo que mas me prestó fue levantar dos bandos bien nutridos de perdices pardillas, parece que es uno de esos años de alta explosión demográfica de la especie. También crió bien la roja, aunque muy tardía. Puede que las lluvias de junio fastidiaran la primera puesta, y saliese la de reposición, ya a principios de agosto. Pues vi un nido de seis huevos el 31 de julio junto a La Virgen del Valle, en Llamas de Cabrera, y pollos recién nacidos el 2 de agosto en Voces.
En estos días de noviembre veo un visón americano a media mañana, que cruza la pista y baja por las escaleras del Pantano de Campañana hacia el Lago de Carucedo. ¡Vamos, que los tenemos ya aposentados en la zona! Al igual que otras especies que han colonizado este humedal, como Black- bass, carpa, cangrejo americano o cormorán grande, ¡hasta treinta están a media mañana en los chopos de Penedo! Generalmente en detrimento de otras especies que eran típicas aquí. Hace ahora dos décadas era fácil contar en la laguna de 200 a 300 porrones. Hoy no hay ninguno. Nos pueden alegrar la jornada tres ánades rabudos que descansan junto a los habituales azulones.
A principios del mes de julio me llegan referencias por algunos vecinos de la comarca, de que han visto unos animales muy raros, a plena luz del día, y que no son ni martas ni garduñas, que tienen la cola mas larga que un “furón”, etc.
Me habían comentado de ver dos en Campañana, a medio día, por unos huertos cercanos a las casas, que eran muy negruzcos y que andaban como “hambrientos”, “desesperados”, con aspecto encorvado. Un vecino de Friera observa otro cerca del río Selmo, y me dice que no era una nutria o “lundre”. También en Cancela, cerca del pueblo y a orillas de la cola del Pantano de Peñarubia, el señor Amador ve un ejemplar, ¡un animal que en 80 años nunca había visto! Me dice.
Por esas fechas, de noche, pasando por la carretera de La Barosa, a Carucedo, veo un animal largo, negro, del tamaño de una marta o garduña, y que al pararse y mirar hacia los focos, confirma mis sospechas: un visón americano.
Las sueltas de animales en granjas de la costa gallega, han dado paso a que siguiendo el cauce del río Sil, estén ya en la zona del Bierzo, en León, donde colonizan los humedales. Este año se han visto por la comarca menos garduñas, ginetas o martas, puede que la presencia de visones americanos ya este repercutiendo en la fauna autóctona.
Por cierto, en el mes de junio, también se ha observado por el Lago de Carucedo, a un ejemplar de Garza Imperial. Esta ave al parecer fue vista por el Bierzo a mediados del pasado siglo, pero en los últimos 40 años no hay datos de su presencia. Actualmente se ha reducido el espacio de carrizos, se llena de bosque las orillas y los pastizales aledaños de pradera alta y matorrales. Aun así, los humedales siempre nos pueden dar una sorpresa.
Las citas de observación de esta garza, unas seis por mi parte, han sido fugaces, pero de clara identificación. Siempre en la misma zona del lago, la menos frecuentada por parte de la gente, bien agricultores o turistas. Lo cierto es que me pasé horas por ver si la podía observar desde la orilla opuesta, sin éxito. Me acercaba a paso de guerrillero donde solía estar, y siempre me sorprendía con un rápido vuelo, siguiendo el cañaveral, nunca en aguas abiertas, donde sería más fácil fotografiarla o grabarla en video.
Fue el día 16 de junio cuando vi la garza imperial por primera vez. Estaba de recuento de carriceros tordales que cantaban por las orillas y ver que otras aves me podía encontrar. Pude observar también a dos garcetas comunes que deambulan por la orilla arenosa donde se bañan los del pueblo de Lago.
Entre el bosque de las orillas, descubro nido de gavilán en un pequeño pinar, al observar como un macho de esta bonita rapaz ataca a una corneja que se acercó al mismo. Me sorprende como una urraca persigue a una oropéndola entre las choperas de la orilla. Las oropéndolas son unas aves que tal vez por su carácter esquivo han sido poco estudiadas. Y todos los ornitólogos las admiran. Recuerdo un artículo de la revista Periplo, decana de la fotografía de la naturaleza allá por los años 70, que hacía un espléndido reportaje fotográfico de la nidificación de esta ave. No se ha profundizado mucho en su alimentación. Yo creo que su rivalidad con las urracas, y las peleas que hace con el gavilán denotan un temperamento agresivo poco conocido, o unos hábitos alimenticios que indignan a las urracas ¿no comerán o destruirán los huevos de las “pegas”?
El exceso de bosques de ribera, tanto a orillas del lago, como en los ríos del Bierzo, tanto el Sil, Selmo, Cabrera, Boeza, etc repercute en un descenso de Biodiversidad.
Lo característico de los humedales naturales, como es el Lago de Carucedo, es la estabilidad. Sin grandes variaciones de nivel en sus tranquilas aguas, salvo un periodo de crecimiento por exceso de lluvias, que permite el aporte de nutrientes al ecosistema palustre, y una etapa de estiaje, que selecciona las especies que aquí perviven. Esta estabilidad permite que en sus orillas se extienda una vegetación característica, típica de este paisaje, generalmente de carrizos, espadañas, y juncos, que se definen por una biocenosis típica, y donde predominan unas especies de aves muy peculiares, las aves del cañaveral: rascones, polluelas, fochas, pollas de agua, avetorillos, avetoros, garzas, carriceros, buscarlas, etc, las cuales no ocupan otros biotopos. Así mismo, en el linde del marjal, suelen crecer algunos árboles de ribera, que dan cobijo a nidos y dormideros de algunas aves propias de los sotos. Y ya fuera de este bosquete, suele haber una pradera que sirve de pastoreo al ganado, y que en invierno se encharca y es frecuentada por innumerables aves limícolas y pequeñas zancudas, como agachadizas, archibebes, avefrías, andarríos, chorlitejos, alondras, etc. Es en las zonas de ecotono donde mayor biodiversidad se concentra.
La invasión de bosque de ribera en los humedales repercute claramente en perjuicio de las aves de zonas lacustres. Ahora te acercas a un humedal, y resulta que ves las mismas especies que verías en algún soto o en pequeños bosquetes de la comarca, pero las típicas especies que antaño eran propias del Lago de Carucedo, ahora no están en la laguna y sus inmediaciones. En todo el verano, apenas si se ve alguna especie rara, y menos aun densidad de población. Media docena de somormujos lavancos, algún zampullín común, fochas, pollas de agua, y ahora en el otoño, llegan los cormoranes grandes y una pequeña bandada de cercetas comunes. Hace años que no se llena de porrones comunes y moñudos, de cientos de fochas, por entonces incluso nos visitaba el aguilucho lagunero; y por sus orillas antaño pastadas y aradas, estaban llenas de alondras, lavanderas, agachadizas, avefrías, y algunos crudos inviernos se llenaban de chorlitos dorados y zarapitos.
Con el crecimiento desmesurado de los bosques de ribera, se reduce la franja de carrizal, y desaparece la pradera inundable, eliminándose prácticamente las características peculiares del humedal. Tal vez, la evolución natural de los lagos sea la eutrofización, la colmatación por el exceso de sedimentación y terminar siendo un bosque. Pero también es cierto que, sin la intervención del hombre canalizando ríos, muchos meandros terminarían siendo lagos. El arroyo que aporta aguas al lago de Carucedo, todos los años cambiaba su desembocadura, debido a las crecidas invernales y primaverales. Se formaba un tapón de arena de río, que dirigía el agua hacia otra dirección y de ese modo todos los años se formaban nuevas playas, eliminándose la vegetación que anualmente se formaba. Desde que se encauzo la presa, este fenómeno no se ha vuelto a producir, e incluso han crecido unos cuantos árboles en la desembocadura. Así mismo, el aporte de sedimentos y residuos al lago por parte de los vecinos ha aumentado considerablemente, siendo nosotros pues culpables del aceleramiento de eutrofización del lago. Es por tanto imprescindible una actuación humana para corregir estos desatinos. Limpiar las orillas del exceso de árboles, favorecer la extensión del carrizal y praderas aledañas, aumentar la zona de playa con arena autóctona, … sería un modo de que el humedal volviese a tener especies de aves que antaño eran comunes, y hoy apenas si llegan a poder verse algún día al año.
Especies dignas de protección, especies paraguas que harían de este humedal un Espacio Natural con realmente algo que proteger, no solo el paisaje. El Lago de Carucedo es el único humedal de la comarca donde aun se puede ver a zampullín cuellinegro, patos cucharas, silbones y rabudos, escribanos palustres por sus orillas, e incluso la presencia de polluelas y rascones por los carrizos. No solo su protección es importante, pues está visto que “el no hacer nada” no vale, se debe actuar en el medio y de una forma urgente: aporte de aguas limpias, limpieza de bosque de ribera, cultivo de tierras colindantes, y favorecer orillas de arena atraerían a limícolas, rálidos, garzas y ánades, que por otra parte, fueron típicos habitantes de este humedal.
Los ríos de la comarca sufren una situación similar. Si te paras en una orilla a observar la fauna, no esperes encontrar alguna ave típica de zonas húmedas, sino que serán las propias de los bosquetes y sotos de la España húmeda. Las ramas de los alisos y sauces, junto a chopos y fresnos tapan toda la lámina de agua, dando sombra a las aguas. No entra el sol y calienta entre las piedras a los huevos de las escasas truchas que aún sobreviven, y es mas, en las frías y sombreadas aguas, no se desarrollan los insectos que han de alimentar a los salmónidos, así como a toda la fauna que depende de los ríos. Por lo tanto, desaparece esa fauna, y tenemos a los típicos animales de cualquier tupido bosque del Bierzo. Así pues, un exceso de bosque redunda en una menor biodiversidad, e incluso en la desaparición de la comarca de muchas especies de aves. Y de otros animales, como las ranitas de san Antonio.
En un pequeño humedal al lado de Carucedo, en las huertas de Borrenes, llamado La Lagua, han abierto acequias de desagüe y plantado de chopos el aguazal, lo que ha eliminado una gran cantidad de fauna palustre que ahí se mantenía. Era típico encontrar las mencionadas ranas y tritones en esta zona encharcada, aparte de ser el lugar donde antaño desovaban los grandes cachos del lago en sus subidas primaverales. El martín pescador era asiduo por sus “zochas”, a la caza de los pequeños alevines que ahí se criaban. Y además, es uno de los lugares de cría de los abundantes ánades reales que a diario pernocta en el cercano pantano. Cada día se reduce la extensión de nuestros humedales.
Fdo :Alfonso Fernández Pacios
C.P:24442-Carucedo-LEÓN
e-mail: alferpa23@gmail.com

ESTAMPAS DEL LAGO DE CARUCEDO


1960. aun no está el muro del Pantano de Campañana. Las orillas están limpias y cultivadas. Vista desde O Xudrio, actual carretera N-536


1979. Gran crecida invernal del lago. Apenas hay vegetación de ribera. Vista desde el muro del pantano.


1980 Aun se ven tierras agrícolas por sus orillas. Y apenas algún “humeiro”.


2009. Crecida del pasado invierno. Apenas hay carrizos. Destacan los bosques de ribera y choperas.


Actualmente el lago es un estanque entre abundante floresta.


El 27/09/90 un bando de 30 individuos de garceta común Egretta garcetta merodea por las inmediaciones del Lago de Carucedo. Se posan en las ramas de los chopos de “Penedo”, donde descansan durante una hora. Junto a ellos vuelan un grupo de una docena de garzas reales. Al día siguiente las sorprendo alimentándose en la orilla oeste del Lago. Los árboles de la foto son los desaparecidos olmos a orillas de la carretera. Hoy la orilla del lago está llena de vegetación.